Te ve llegar empapada y molesta porque se te va a llenar la cabeza de rulos y, lejos de consolarte, te recuerda a cada rato lo hermoso que te queda el cabello lacio.
Se entera después de meses de tu divorcio y, aún habiéndote visto fantástica todo ese tiempo, inventa una pena que no siente y grita que no puede creerlo (lo suficientemente alto como para que todos la escuchen). En cuanto cruzás la puerta corre a preguntar detalles a los que sí sabían.
Comentás alguna vez a un tercero que el pasado fue el peor año de tu vida. Ella apura la autoreferencia para explicar por qué justamente ésa fue su mejor época.
Murió un familiar que llevaba mucho tiempo en estado vegetativo y todos a tu alrededor interpretan que eso no era vivir, que seguramente estará mejor ahora. Menos ella, claro, que de tanto en tanto profiere un falluto "¡qué dolor tan grande!".
Todo el mundo sabe de la existencia de personas malas. A nadie se le escapa que hay gente capaz de cometer actos reñidos con la ética más o menos generalizada en aras de conseguir beneficios personales. Malignos, perversos, canallas, ventajeros: no los acepto de buen grado, pero me es posible entender sus pérfidos motivos.
Lo que a mi raciocinio le resulta difícil de aceptar es la presencia de personas que actúan por pura maldad sin posterior consecución de ningún provecho. No logro comprender a qué sabe dedicar tu vida a meter el dedo en llagas ajenas. Esta práctica me resulta tan inescrutable como la mecánica ondulatoria. Y, tal como me ocurre con el comportamiento de la materia, no me enoja sino que me provoca curiosidad. Hasta ahí llega la analogía porque no creo que ninguna rama de la física pueda ser considerada correveidile, berreta y grosera.
viernes, 16 de mayo de 2008
lunes, 5 de mayo de 2008
Snobismo educativo
Escuché por radio una entrevista a una mujer que eligió no mandar a su hijo a ninguna escuela sino educarlo en su casa. Ella misma, con algunas nociones de magisterio que cursó y no terminó, prepara las clases, enseña y examina, antes de que, a fin de año, el estado intervenga y tome la prueba final que promocionará al alumno al siguiente año.
El principal argumento que esgrimió la mamá/docente para haber tomado esta decisión fue el carácter circular de este método: su hijo también le enseña. Contó a modo de ejemplo que gracias a su hijo, hoy de trece años, aprendió a editar videos en formato digital.
La contracara, en sus palabras, es que la escuela tradicional utiliza un método de aprendizaje lineal: los maestros tiran datos, los alumnos repiten, impidiendo el desarrollo normal porque "todos tenemos los conocimientos adentro, sólo hay que saber sacarlos".
No le preguntaron de qué manera podría un alumno conocer la existencia de la Revolución Francesa, de la tabla del nueve, o del Cantar del Mío Cid si, a priori, se le evita todo contacto con un sistema lineal en que un ente diferenciado del alumno (sea un maestro o, por caso, un libro) proporcione esa información.
Durante toda la escolaridad de mi hija en algunas oportunidades me ha parecido que los métodos de enseñanza son anticuados, que no siempre se enseña a investigar primero y formular la teoría después y que muchas veces se desaprovechan las posibilidades que brindan la tecnología y la literatura tradicional. Y yo sí creo en el valor de la acumulación de datos, al menos en algunas materias. Pero jamás se me hubiera ocurrido que fuera mejor para nadie evitar la escuela en lugar de tratar de mejorarla.
La entrevistada no contó de qué manera un chico que no concurre a clases aprende a socializar con sus pares si no ha compartido nunca un recreo, un raspón en las rodillas, una penitencia o un paquete de galletitas. Y también me quedé con las ganas de saber cómo se reemplaza la noción de autoridad, porque, mal que les pese a los anarquistas, la verticalidad existe, aún después de la graduación.
En definitiva, la escolaridad en casa me parece una estupidez. Pero es sólo mi opinión.
El principal argumento que esgrimió la mamá/docente para haber tomado esta decisión fue el carácter circular de este método: su hijo también le enseña. Contó a modo de ejemplo que gracias a su hijo, hoy de trece años, aprendió a editar videos en formato digital.
La contracara, en sus palabras, es que la escuela tradicional utiliza un método de aprendizaje lineal: los maestros tiran datos, los alumnos repiten, impidiendo el desarrollo normal porque "todos tenemos los conocimientos adentro, sólo hay que saber sacarlos".
No le preguntaron de qué manera podría un alumno conocer la existencia de la Revolución Francesa, de la tabla del nueve, o del Cantar del Mío Cid si, a priori, se le evita todo contacto con un sistema lineal en que un ente diferenciado del alumno (sea un maestro o, por caso, un libro) proporcione esa información.
Durante toda la escolaridad de mi hija en algunas oportunidades me ha parecido que los métodos de enseñanza son anticuados, que no siempre se enseña a investigar primero y formular la teoría después y que muchas veces se desaprovechan las posibilidades que brindan la tecnología y la literatura tradicional. Y yo sí creo en el valor de la acumulación de datos, al menos en algunas materias. Pero jamás se me hubiera ocurrido que fuera mejor para nadie evitar la escuela en lugar de tratar de mejorarla.
La entrevistada no contó de qué manera un chico que no concurre a clases aprende a socializar con sus pares si no ha compartido nunca un recreo, un raspón en las rodillas, una penitencia o un paquete de galletitas. Y también me quedé con las ganas de saber cómo se reemplaza la noción de autoridad, porque, mal que les pese a los anarquistas, la verticalidad existe, aún después de la graduación.
En definitiva, la escolaridad en casa me parece una estupidez. Pero es sólo mi opinión.
martes, 15 de abril de 2008
Volveré
En respuesta al requerimiento de aparición de mi persona, paso a contar que hace días que tengo ganas de escribir algo decente -como ese relato sobre el taxista que casi nadie leyó pero a mí me gusta mucho- y no me sale nada por dos motivos: 1- mi vida está un tanto monótona y no me está proporcionando anécdotas dignas de ser contadas; y 2- estoy muy ocupada (no, no es contradictorio: estoy ocupada con asuntos monótonos) y tengo la cabeza llena. Necesito desfragmentación mental con urgencia.
Nos veremos cuando lo haya logrado. Hasta entonces, seguiré molestando con comentarios en blogs ajenos.
Nos veremos cuando lo haya logrado. Hasta entonces, seguiré molestando con comentarios en blogs ajenos.
sábado, 29 de marzo de 2008
Yo contra sus métodos
Me decidí un poco tarde a expresar mi opinión sobre el discurso que la presidente Cristina Fernández de Kirchner ofreció el pasado jueves. Probalemente ya a nadie le interese, pero quiero dejarla plasmada acá, aunque más no sea para no olvidarlo.
Quiero recordarme a mí misma que en su alocución la Presidente demostró ser una máquina de decir gansadas y de mentirnos en la cara. Que no parecen entender mucho de campo ni ella ni Lousteau ni Moreno (no digo que yo entienda, pero escucho explicaciones coherentes de los que sí lo hacen); y que alienta una división en que solamente unos pocos comprenden bien de qué lado está (del de ella misma).
Estoy harta de escucharla hablar del género, me da vergüenza ajena. No todas las señoras paquetas gritaban contra la imposición del sistema de retenciones sino quizás contra un aumento desmesurado. No siempre se distribuyen esas ganancias entre el pueblo siendo que no son coparticipables. La protesta del campo no es de naturaleza política sino económica. Los productores a la vera de las rutas no son terratenientes oligarcas. Y si bien el final el discurso tuvo un tono más conciliador, no puedo evitar pensar que si esas mismas palabras hubieran sido las del martes anterior, probablemente los vecinos no se hubieran volcado a las calles. Pero, por supuesto, es impensable que este gobierno, con el nivel de soberbia que maneja la primera mandataria, efectúe jamás una autocrítica.
En ningún país serio se ha visto que el gobierno utilice al partido, arrastrando a una manga de aduladores a sueldo con parafernalia ad hoc y que se dedican a vivar cada palabra para hablarles a los ciudadanos, en lugar de usar la cadena nacional o la sala de prensa de la Casa de Gobierno. Y no creo tampoco que sea común en un país no bananero que el alma mater de la fuerza de choque rompe-protestas ocupe un lugar de privilegio en ese acto.
Retenciones sí o no y en qué porcentaje, es otro asunto. Tengo mi propia visión y no voy a exponerla acá. Pero sí quiero decir que los métodos que utiliza el gobierno para construir lo que sólo ellos llaman diálogo me parecen abominables y que así no se delimitan políticas a futuro.
Quiero recordarme a mí misma que en su alocución la Presidente demostró ser una máquina de decir gansadas y de mentirnos en la cara. Que no parecen entender mucho de campo ni ella ni Lousteau ni Moreno (no digo que yo entienda, pero escucho explicaciones coherentes de los que sí lo hacen); y que alienta una división en que solamente unos pocos comprenden bien de qué lado está (del de ella misma).
Estoy harta de escucharla hablar del género, me da vergüenza ajena. No todas las señoras paquetas gritaban contra la imposición del sistema de retenciones sino quizás contra un aumento desmesurado. No siempre se distribuyen esas ganancias entre el pueblo siendo que no son coparticipables. La protesta del campo no es de naturaleza política sino económica. Los productores a la vera de las rutas no son terratenientes oligarcas. Y si bien el final el discurso tuvo un tono más conciliador, no puedo evitar pensar que si esas mismas palabras hubieran sido las del martes anterior, probablemente los vecinos no se hubieran volcado a las calles. Pero, por supuesto, es impensable que este gobierno, con el nivel de soberbia que maneja la primera mandataria, efectúe jamás una autocrítica.
En ningún país serio se ha visto que el gobierno utilice al partido, arrastrando a una manga de aduladores a sueldo con parafernalia ad hoc y que se dedican a vivar cada palabra para hablarles a los ciudadanos, en lugar de usar la cadena nacional o la sala de prensa de la Casa de Gobierno. Y no creo tampoco que sea común en un país no bananero que el alma mater de la fuerza de choque rompe-protestas ocupe un lugar de privilegio en ese acto.
Retenciones sí o no y en qué porcentaje, es otro asunto. Tengo mi propia visión y no voy a exponerla acá. Pero sí quiero decir que los métodos que utiliza el gobierno para construir lo que sólo ellos llaman diálogo me parecen abominables y que así no se delimitan políticas a futuro.
miércoles, 5 de marzo de 2008
Noticia bomba
Esta tarde, poco antes de las cuatro, los canales América 24, TN, C5N y Crónica TV emitían en vivo al presidente de Venezuela conferenciando ante un colmadísimo auditorio que lo vivaba en un prolijo teatro. Los que pasaban frente a los televisores se quedaban esperando alguna referencia al conflicto que Chávez azuza desde sus micrófonos.
La transmisión duró, hasta donde le presté atención, unos diez minutos, y sólo en el último TN se decidió a pasarlo a un cuadrito subsidiario en el margen inferior derecho de su pantalla. Los demás seguían, vaya uno a saber por qué. ¿Se habrían dormido, estarían aprovechando para tomar café? ¿Habrían ido al baño? Porque el aburridísimo y para nosotros intrascendente evento que los canales cubrían en directo era el cierre de las Jornadas Nacionales de Capacitación Docente y la presentación del Nuevo Currículo Bolivariano y el presidente venezolano no hizo mención en absoluto a la República de Colombia.
No sé muy bien por qué me quejo, al menos no eran ballenas varadas en Australia, que es un clásico de los supuestos canales de noticias.
La transmisión duró, hasta donde le presté atención, unos diez minutos, y sólo en el último TN se decidió a pasarlo a un cuadrito subsidiario en el margen inferior derecho de su pantalla. Los demás seguían, vaya uno a saber por qué. ¿Se habrían dormido, estarían aprovechando para tomar café? ¿Habrían ido al baño? Porque el aburridísimo y para nosotros intrascendente evento que los canales cubrían en directo era el cierre de las Jornadas Nacionales de Capacitación Docente y la presentación del Nuevo Currículo Bolivariano y el presidente venezolano no hizo mención en absoluto a la República de Colombia.
No sé muy bien por qué me quejo, al menos no eran ballenas varadas en Australia, que es un clásico de los supuestos canales de noticias.
martes, 19 de febrero de 2008
Imprudencia
Eran tres adolescentes que se reían como tontas mientras decidían si cruzaban o no la avenida Santa Fe con el semáforo recién abierto. Las había visto un momento antes de que finalmente se animaran y, en una milésima de segundo, tuve la sensación de que iba a suceder.
Se lanzaron a la carrera y zigzagueando cuando el tránsito se acercaba peligrosamente rápido y, efectivamente, sucedió. Uno de los autos la tocó apenas -supongo que las vio a tiempo y venía frenando-, la levantó un poco del suelo y la chica cayó al pavimento de costado después de haber golpeado su cadera contra el capot. Hizo ruido al golpear y alguien gritó.
Afortunadamente se levantó al instante y, de manera increíble, salió corriendo a toda velocidad seguida por sus amigas que le preguntaban a los gritos si estaba bien. Al mismo tiempo, toda la fila de autos se detuvo y desde alguno surgió un insulto. En dos segundos desaparecieron, los vehículos reanudaron su marcha y toda la escena se esfumó.
Me llevó unos segundos más darme cuenta de que mi hija, que me acompañaba, estaba paralizada. Tardé un rato más en volverla a la realidad y explicarle que probablemente la única consecuencia que iba a sufrir esa chica serían unos cuantos dolores musculares.
Demoré algo más en recordarle que no se debe jugar con la propia vida, que lo que hicieron esas criaturas fue un acto de tremenda imprudencia que pudo haberles costado muy caro. A ellas y al pobre conductor, que seguramente no olvidará con facilidad la tarde de ayer.
Se lanzaron a la carrera y zigzagueando cuando el tránsito se acercaba peligrosamente rápido y, efectivamente, sucedió. Uno de los autos la tocó apenas -supongo que las vio a tiempo y venía frenando-, la levantó un poco del suelo y la chica cayó al pavimento de costado después de haber golpeado su cadera contra el capot. Hizo ruido al golpear y alguien gritó.
Afortunadamente se levantó al instante y, de manera increíble, salió corriendo a toda velocidad seguida por sus amigas que le preguntaban a los gritos si estaba bien. Al mismo tiempo, toda la fila de autos se detuvo y desde alguno surgió un insulto. En dos segundos desaparecieron, los vehículos reanudaron su marcha y toda la escena se esfumó.
Me llevó unos segundos más darme cuenta de que mi hija, que me acompañaba, estaba paralizada. Tardé un rato más en volverla a la realidad y explicarle que probablemente la única consecuencia que iba a sufrir esa chica serían unos cuantos dolores musculares.
Demoré algo más en recordarle que no se debe jugar con la propia vida, que lo que hicieron esas criaturas fue un acto de tremenda imprudencia que pudo haberles costado muy caro. A ellas y al pobre conductor, que seguramente no olvidará con facilidad la tarde de ayer.
viernes, 8 de febrero de 2008
Rebecca
Rebecca mide algo menos de un metro y medio. Es una de las pocas personas adultas que debo mirar hacia abajo aún estando descalza. Es rubia, bonita y muy prolija; siempre está bien maquillada y con atuendos coloridos. Jamás la vi sin sus aros de brillantes, aunque anduviera con ropa deportiva. A veces trae un bolso y una raqueta porque vuelve del club. Una vez me contó que ya no compite porque se rompió los ligamentos hace unos años, pero juega ocasionalmente, cuando algún amigo se prende.
Aunque vive sola, los domingos al mediodía recibe a sus amigas, de modo que es frecuente verla entrar cargando bolsas de supermercado con víveres para cocinar y -le encanta decirlo- la infaltable botella de malbec.
Cuando nos cruzamos en el ascensor nos quedamos tanto tiempo hablando que tenemos que cerrarlo y permanecer en el pasillo para que la alarma no acabe con los oídos de los otros vecinos. Me ha contado que es odontóloga, que tiene su propio consultorio y también trabaja en un hospital, por pura vocación. Llega tarde y cansada, pero siempre aclara que no hay nada que un trago y una buena película en la cama no reparen. Ha elogiado mi delgadez pero me aclaró que no me excediera porque "se te caen las lolas, viste?".
Hace unos meses se desató en nuestro edificio una especie de culebrón pasional, cuando fueron encontrados en el sótano, en flagrante delito, la encargada suplente y el chico de vigilancia de los sábados. Cincuenta y pico, ella; veintiuno él. El administrador se deshizo de ambos con premura, claro, pero el arrebato de pasiones fue la comidilla de las viejas durante unos cuantos días. En una ocasión me vi envuelta sin desearlo en una de esas reuniones ad hoc. Varias veces traté de saludar y seguir mi camino y no lo logré, hasta que en un momento, con mi objetivo casi cumplido y mi mano en la puerta de salida, Rebecca me tomó del brazo y me dijo: -Decime, nena, ¿vos tenés algún problema con la palabra "coger"?-. Le contesté que no tenía problemas con ninguna mala palabra, que las decía a cada rato. Entonces, Rebecca se dio vuelta y les espetó a las otras asistentes al corrillo: -¿Ven, manga de jovatas, que no es tan terrible? Eso era exactamente lo que estaban haciendo Olga y Ariel: co-gien-do. Qué tanto, al pan pan y al vino vino.-
Ochenta años tiene, Rebecca, y es la viejita más graciosa y canchera que conozco.
¡Quiero llegar así!
Aunque vive sola, los domingos al mediodía recibe a sus amigas, de modo que es frecuente verla entrar cargando bolsas de supermercado con víveres para cocinar y -le encanta decirlo- la infaltable botella de malbec.
Cuando nos cruzamos en el ascensor nos quedamos tanto tiempo hablando que tenemos que cerrarlo y permanecer en el pasillo para que la alarma no acabe con los oídos de los otros vecinos. Me ha contado que es odontóloga, que tiene su propio consultorio y también trabaja en un hospital, por pura vocación. Llega tarde y cansada, pero siempre aclara que no hay nada que un trago y una buena película en la cama no reparen. Ha elogiado mi delgadez pero me aclaró que no me excediera porque "se te caen las lolas, viste?".
Hace unos meses se desató en nuestro edificio una especie de culebrón pasional, cuando fueron encontrados en el sótano, en flagrante delito, la encargada suplente y el chico de vigilancia de los sábados. Cincuenta y pico, ella; veintiuno él. El administrador se deshizo de ambos con premura, claro, pero el arrebato de pasiones fue la comidilla de las viejas durante unos cuantos días. En una ocasión me vi envuelta sin desearlo en una de esas reuniones ad hoc. Varias veces traté de saludar y seguir mi camino y no lo logré, hasta que en un momento, con mi objetivo casi cumplido y mi mano en la puerta de salida, Rebecca me tomó del brazo y me dijo: -Decime, nena, ¿vos tenés algún problema con la palabra "coger"?-. Le contesté que no tenía problemas con ninguna mala palabra, que las decía a cada rato. Entonces, Rebecca se dio vuelta y les espetó a las otras asistentes al corrillo: -¿Ven, manga de jovatas, que no es tan terrible? Eso era exactamente lo que estaban haciendo Olga y Ariel: co-gien-do. Qué tanto, al pan pan y al vino vino.-
Ochenta años tiene, Rebecca, y es la viejita más graciosa y canchera que conozco.
¡Quiero llegar así!
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