miércoles, 7 de noviembre de 2007

En voz (muy) alta

Norma tiene unos cincuenta años. Es muy rubia, lleva el cabello larguísimo siempre recogido tirante en una cola que le llega a la mitad de la espalda y carga unos cuantos kilos de más. Tiene un marido un poco más joven, un hijo de unos doce que es muy serio y responsable y una hija grande que ya no vive con ella. Siempre usa pantalones -generalmente deportivos marrones- y camisas o remeras muy amplias. Le encanta relatar con detalles sus problemas de salud. Hace poco le hicieron una curva de glucemia y no le avisaron que podía agregarle limón a la glucosa, razón por la cual casi vomita varias veces en el laboratorio. Cuando tiene tiempo se gana unos pesos extra elaborando arreglos florales para novias.
Su amiga de treintaypico, cuyo nombre no conozco, es morocha y tiene un lindo cutis que más temprano que tarde perderá por abusar del maquillaje. Soltera, vive sólo con su mamá, aunque a veces se le instala un sobrino adolescente de Chascomús que le descoloca la vida porque se siente obligada a pasearlo. Anda siempre bien vestida, discreta aunque moderna, y de colores oscuros. Estudia Marketing o algo por el estilo en una universidad privada, de noche, y parece que este año finalmente termina de cursar. Hace tiempo que no tiene novio.
La voz de Norma parece de una fumadora de cigarrillos negros de larga data. La de su amiga, en cambio, es más aguda de lo deseable a mis oídos y ambas comparten un volumen que excede mi nivel de tolerancia.
Trabajan en una empresa cuya sede se sitúa en algún lugar cercano a la 9 de Julio, en distintos departamentos pero con el mismo gerente. Parte del personal les resulta inútil y otra parte molesto, pero se cuidan mucho de decirlo puertas adentro porque esa gente no se anda con chiquitas: la semana pasada despidieron a Marisa porque se reviró y mandó a la mierda a un jefe que la miró torcido.
Jamás en mi puta vida crucé una sola palabra con estas dos mujeres, pero tengo la infinita desgracia de compartir casi todos mis viajes al trabajo, cada mañana minutos después de las 8 -horario que, lo reconozco, no es el más indicado para que nadie se ofrezca a develarme siquiera el secreto de la juventud eterna.
Les aseguro que en unos años todos los compañeros de viaje de Norma y su amiga estaremos sordos a causa del exceso de volumen en nuestros respectivos auriculares. Ojalá los audífonos sean baratos.

20 comentarios:

Diego F. dijo...

Jajaja NTI, muy buena descripción. Me gustaría poder decir algo más que esto pero no me sale.

Saludos!

Victor dijo...

Pobres los compañeros de trabajo de Norma y amiga! Sordera profesional, clavado. Para peor fuma!!!
saludos

Estrella dijo...

Muy buen relato, y muy bien escrito, además. Me queda la imagen perfecta de estas dos mujeres.

adivinador dijo...

Lo puedo contar asì:

" Despues de bastante tiempo, ella nos contò una historia de dos mujeres con las que compartìa un viaje. Era una historia un poco grotesca y lejanamente triste, pero el relato estaba muy bien escrito y fue un placer leerlo, como dijo Estrella . Nos encantò que vuelva"

Bien, Notan. Saludos

Stella dijo...

Notan, que situación tan incómoda!!! Es bien feo cuando estás obligado a escuchar vidas ajenas que no te interesan!! Y veo que te obligaron a escuchar todos los detalles!
Y que bueno que volviste! Se te extraña cuando no estás!
Besitosss

SOPHIE dijo...

Que buen relato!!!!. Y no sé por qué me identifiqué y recordé varias veces que me ha pasado una situación así. Eso de tener que estar escuchando cosas que una no quiere.

Se ve que tuviste tooooodo un speech para armar esta historia! jaja. Por lo menos lo pudiste plasmar aquí. Te felicito!.

Besos

Sophie

CLAUDE CONTIN dijo...

Según Bukowski, la suma de esas molestias termina constituyendo la desdicha de una persona. A mí me encanta viajar en colectivo. Me abstrae. Es como si me acunaran. No sé cómo reaccionaría ante la compañía reiterada de tus compañeras de viaje, creo que mal.

Fernan dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fernan dijo...

Pueden decirme que soy un chusma o lo que sea, pero encuentro facinante las conversaciones de transporte publico, incluso llegan momentos en los que me resulta imposible no parar la charla y opinar. Recuerdo en el subte C hace unas semanas dos chicas (divinas) discutiendo porque una no sabia andar en bicicleta. El transporte publico te regala eso, pequeñas ventanas a las vidas de terceros.
Notan, a sido un fantastico post!

Tomás Münzer dijo...

Es así, el precio de viajar en micro, y hay cosas peores aparte...

Mensajero dijo...

NTI, un jefe sensible podría comprender su necesidad de llegar al trabajo media hora después.
O que le paguen un remís.

El Pasquín dijo...

Que cosa las relaciones laborales... uno se ve obligado a compartir la mayor parte de su día con gente que de poder elegir, uno se escondería ante su sola presencia. Algunos otros son una grata sorpresa de la vida, pero la experiencia que me tocó a mi no fue de lo mejor, me soltaron como un pichoncito en una jauría de lobos!

Opiniones Independientes dijo...

Mafalda decia una frase más o menos asi "El problema de tener los oidos siempre abiertos es que un esta expuesto a escuchar cada cosa!!!"

Almendra dijo...

Me encanta escuchar conversaciones ajenas, pero en el viaje de ida al laburo, prefiero no escuchar ni el vuelo de una mosca. Que martirio!!!

Salute!

Natu dijo...

ufff a esa hora nooo!!!!!!
Que desastre!!Bueno cuando cruces palabras con ellas que sea para hacerlas callar!!!
Saludos.

no tan iguales dijo...

Y sí, hay gente a la que le encanta que su más ordinaria intimidad se exponga en el 64. Esta mañana tenía tiempo y dejé que se fueran antes (sospecho que todos los de mi parada hacemos lo mismo).
Gracias a todos.

Emeefe dijo...

Muy buen relato!
Me encanta escuchar conversaciones y tratar de adivinar de que están hablando dos personas, eso si, que hablen con voz suave y melodiosa!

ADENOZ dijo...

Ponete contenta.
Si, de unas charlas diarias entre desconocidas, podés extraer un buen relato, entonces valió la pena.
Quienes escribimos (sin soberbia lo digo) somos "buscavidas", tomamos de los demás situaciones que nos sirven para intentar explicar (y explicarnos) la condición humana.
Y sin necesidad de ser ilustres filósofos.

IRENE dijo...

ES UN BUEN POST PARA OTRA OCASION. MIREN LA PELI "LA VIDA DE LOS OTROS", EL MORBO DE MIRAR LA VIDA AJENA, ESCUCHAR LOS COMENTARIOS EN DONDE NO SOMOS INVITADOS. UN TEMON QUE NO TIENE DESPERDICIO. BESOSS NO TAN IGUALESS..PRECIOSO BLOG!!

A tres puntas dijo...

Notan, a veces me siento identificado con esas mujeres. Es que a veces hablo fuerte. Lo bueno es que la gente que está alrededor por lo menos se rie. Quizá después escriben relatos como el suyo.

Saludos

Tincho