domingo, 23 de septiembre de 2007

Seguridad Cero

Esta aparente interna entre los titulares de la Aduana y de la Policía de Seguridad Aeroportuaria me recordó una anécdota de viaje que, a mi entender, ilustra lo mal que se trabaja en cuestiones de seguridad.
A principios de 2002 viajé a París. El increíble atentado a las Torres Gemelas había ocurrido hacía pocos meses y todavía existía cierta sensibilidad respecto de los vuelos. Los controles previos al embarque se habían intensificado (o quizás los hacían como siempre había correspondido), había alertas sobre elementos prohibidos en equipaje de mano, como objetos punzocortantes, te hacían donarle al aeropuerto tu lima de uñas de metal o tu llavero/navajita suiza; y hasta se habían reemplazado los cuchillos de metal por los descartables plásticos, lo que produjo que cortar un trozo de carne en una bandejita mínima sobre una mesita tan chica como la de la clase turista se convirtiera en una proeza. Para mi sorpresa, los tenedores seguían siendo los de siempre, una cosa de locos si considerás que clavarle el tenedor a un tipo en una arteria capaz que es hasta más sencillo que amenazarlo con un cuchillo de sierrita sin afilar.
Como soy altamente alérgica no puedo despegarme de mi inyección de corticoides por 12 horas mientras estoy encerrada en un avión que, en mi experiencia, no cuenta con más que un botiquincito para heridas elementales. De modo que al llegar al mostrador de Air France para chequear nuestro equipaje, preguntamos a la empleada si había alguna forma de llevar mi jeringa prellenada conmigo. Quería hacer las cosas bien: contaba con certificado médico que avalaba la necesidad del uso del medicamento y por si eso fuera poco, me llevaba a mi propio médico conmigo -mi marido-, que portaba credencial que lo habilitaba.
La señorita Air France no tenía la menor idea, nunca le había tocado responder una consulta así y básicamente contestó "no creo que pase nada". "No creo", yo me quedé atónita; para mí que en otro control me quitaran la jeringa significaba que podía morirme en el aire, salvo que contara con la posibilidad de lo más alentadora de que mi marido me practicara una traqueostomía con un cuchillito plástico y una Bic y se convirtiera en un héroe de película. Tuvimos que sugerirle, para no quedar en silencio mirándonos, que fuera a preguntar a un superior. Fue y volvió con una respuesta: el superior tampoco sabía. La fila detrás de nosotros se hacía más larga y la gente se impacientaba como si el vuelo fuera a irse sin ellos. Se me ocurrió otra sugerencia: quizás había manera de que mi jeringa fuera transportada por la tripulación y me fuera entregada en caso de necesidad o devuelta al llegar. Fue a preguntar y volvió: no tenían idea, pero le habían contestado que podíamos preguntar en el preembarque a la (entonces) Policía Aeronáutica, medio como para que nos dejáramos de joder.
Mi marido es más tranquilo, pero yo me sentía como una terrorista alergénica con esa jeringa llena de un liquidito amarillo, que si me abren la mochila andá a convencer a un tipo que sólo está para abrir mochilas de que esto no es cianuro, entre que lo analizan y me interrogan te vas solo y a la vuelta te mato.
Finalmente encontramos al policía aeronáutico bueno que me iba a despejar las dudas y que no me iba a sacar la jeringa para que no muriera asfixiada, ay de mí. Nos contestó con una tranquilidad propia de quien se ha tomado tres valiums: "y... llevelá, si nadie se la encuentra...".
Y la llevé, nomás. Y nadie me la encontró.

18 comentarios:

Stella dijo...

Hola Notann!
Cuando mi viejo se vino de Croacia, en el 47, se trajo 100 encendedores de los Carucita (creo que se escribe asi). Les habian dicho que en Argentina no había, y que los iban a poder vender como para ir tirando el primer tiempito. Pensá que no conocían a nadie acá, y que ni el idioma sabían.
Los amigos de mi viejo los repartian entre la ropa de la valija, los escondían en las medias, etc, para que no les dijeran nada en la aduana. Mi viejo agarró la caja, la puso en el medio de la valija y listo!
Cuando lo paran en la aduana argentina, el tipo le revisa la valija y le pregunta que llevaba en la caja. Mi viejo lo miró y le dijo: "Llevo 100 encendedores para vender acá!!
El aduanero se rió, evidentemente no le creyó, y lo dejó pasar así nomas!
A lo que voy es a que este problema lo tenemos de hace muchas generaciones, como que lo llevamos en la sangre. Y todo pareciera que lo hacemos así nomás. Total, si nadie se da cuenta...

Y con respecto a los de la interna...eso les pasa a los contrabandistas por hacer las cosas mal. O acaso no saben que si quieren entrar una valija con plata, o con pastillitas de colores tienen que coimear a los de la aduana y a la policía tambien! Dónde se vió hacer las cosas a medias? Si adornás a uno solo, el otro buchonea!
En fin, suerte que ahora viene la Cristinita a poner orden en la casa!
Qué felices seremos!!! No..?

(Si te queda alguna carilina me la pasás? Los lagrimones me empaparon el teclado)

Besitoo

no tan iguales dijo...

Lo siento, están caras y he vuelto a los pañuelos de tela, jaja.
Qué buena la anécdota de tu papá!!! El viernes fui al Pepsi Music y la requisa al entrar consistió en mirar dentro de mi bolso por un lapso de medio segundo. Podría haber tenido 10 bengalas o navajas dentro de las botas.
Es así, nos acostumbramos al medio pelo y ni llama la atención, después lloramos frente a Cromagnon.

Opiniones Independientes dijo...

Que buena idea me dio Notan, la proxima vez que quiera secuestrar un avion me llevo uuna jeringa, digo que soy alergico y listo!
Gracias Notan sera culpa suya!

ADENOZ dijo...

Hmmm, que buena idea la de la jeringa. La voy a utilizar en mi próximo atentado.
Yo, en el super, voy con un bolso grande de viaje que no dejo en los casilleros y que muestro a la cajera al pagar. Lo mira muy por arriba y me lo deja pasar. He llegado a pasar sin pagar un minitorno, varios cd's vírgenes, comestibles varios, etc.
Si, soy cleptómano, y qué?

Muchacha, la agregué a mi "exclusiva" guía de blogs (Blogópata). Qué me cuenta?

no tan iguales dijo...

Chas gracias, Ade! Yo linkeo El Clú, que me divierte muchísimo!!

CLAUDE CONTIN dijo...

Me mata lo de la alergia, tiene un no sé qué. Me parece que comentaste algo parecido en otro blog, referido a los efectos nocivos del calor.
Yo tengo problemas similares, sobre todo cutáneos, aunque nunca llegué a necesitar una jeringa medicinal.
Pero todo se va cuando estoy en un ánimo destructivo.
Anduve averiguando y parece que es una de esas cosas mitad hereditarias y mitad psicosomáticas.

El Pasquín dijo...

El tema de las aduanas y fronteras es muy delicado, yo no tengo experiencia mas allá de los países limítrofes, de hecho, según la ley estoy en Brasil hace 7 años ya que nunca me pidieron el documento cuando regresé.

saludos, y cuidado con lo que contás!, más de un terrorista está tomando apuntes.

Almendra dijo...

Tan gracioso como aterrador...

Mensajero dijo...

Los controles son un chiste. Yo aprovecho su liviandad para que las estadísticas jueguen a mi favor.
Por ejemplo, las probabilidades de que haya una bomba justo en el avión que me voy a tomar son muy bajas; de que haya dos, practicamente imposible.
Por eso siempre que viajo, llevo una bomba conmigo.

no tan iguales dijo...

Juro, sres. de la CIA, que no quise dar ideas!
Claude: ¿qué "no sé qué" pueden tener las alergias? No lo había pensado por el lado filosófico, más bien por el instinto de conservación.
El calor es distinto, me pone de pésimo humor, pero la alergia mata, loco.

Rodolfo Librero dijo...

Un momento así es para entrar en un divague de loco.. Y bue..

Bugman dijo...

Seguramente en un aeropuerto de USA no la dejarían subir con la hipodérmica cargada, pero seguro también que hay forma de que la transporte el personal de cabina por si hay una emergencia (no les entusiasma mucho eso de que los pasajeros se les mueran de shocks anafilácticos, es mala propaganda para la aerolínea)

CLAUDE CONTIN dijo...

NTI: El "no sé qué" de la alergia es... que me da risa. Obvio, no es por la gravedad, sino la palabra. Esto es absurdo, ya lo sé, por eso para mí queda mejor decir "no sé qué".

no tan iguales dijo...

Sí, no es una enfermedad muy glamorosa que digamos, sobre todo cuando una se ve involuntariamente por primera vez en pleno shock, en el espejo del ascensor de la clínica. Es una imagen de mí misma que me persigue en mis peores pesadillas, cuando sueño que me voy a quedar así para siempre! Claro que podría ser una heroína de literatura : La Dama Elefante Rojo.

Stella dijo...

jajajajaja buenisimo el comentario de Mensajero!!

Mensajero dijo...

Stella, es chiste prestado, lo oí de alguien....nobleza obliga.

Stella dijo...

Mensajero, me resultaba conocido el chiste! Igualmente está bien puesto el chiste y viene justo al tema, asi que me da lo mismo si lo inventó o se lo prestaron! A mi me causó gracia!

Diego F. dijo...

Con respecto a esto siempre uso la misma explicación: la supuesta "seguridad" es sólo fachada. Y lo peor es que es muy sencillo darse cuenta.

Todos coincidiremos en que los controles se hicieron invasivos a partir de los atentados a las torres, llegando al punto idiota de prohibir las pastas dentales. Ay dios. Bueno, la cuestión es que la prueba más fehaciente de que la supuesta seguridad no es otra cosa que mayor control sobre la población civil es que EEUU -país que presiona al resto para tomar las medidas y que sufrió los atentados- no produce casi drogas como la cocaina y, sin embargo, la mayor parte de la producción colombiana es lo que abastece el mercado Yanqui.

Es decir: a los que viajamos en aviones nos tratan como si fuesemos terroristas potenciales (incluso no dejaron subirse al avión a un australiano por tener una remera con la foto de bush que decía "terrorist #1"), incluso construyen un muro (una pared, por dios cuánto atrasa en un mundo global) para "asegurar" la frontera; y sin embargo entran todos los días toneladas de drogas. ¿Alguien en sus cabales realmente supone que entrar digamos una tonelada de cocaina es demasiado diferente a, digamos, entrar una ojiva nuclear?

Saludos